VOCABULARIO DE INGLÉS

Psicología y Nutrición.







Lo que comes muchas veces no guarda relación con tus necesidades reales de alimentación. Y en otras ocasiones son tus emociones o los hábitos sociales los que determinan lo que te acabas metiendo en la boca. Nada tiene que ver el hambre.
Tu autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Y esa relación también incluye la relación que tienes con tu cuerpo. Cuando escuchas a tu cuerpo con atención seguramente te das cuenta de que sus necesidades nutritivas tienen poco que ver con tus comidas. La forma con la que nos relacionamos con la comida está muy conectada a tus emociones y tus costumbres culturales.
Existe una estrecha relación entre tus necesidades nutritivas y tus necesidades emocionales. Vivimos en un mundo donde coexisten en paralelo la sobrealimentación y los productos hipercalóricos con la desnutrición emocional y la carencia afectiva. Por eso es tan habitual compensar el vacío emocional con unos bocados de más. De esta forma la alimentación no solo sirve para cubrir las necesidades nutritivas de nuestro organismo, además hace de “distractor” y nos permite desviar otros conflictos emocionales que preferimos no enfrentar directamente.
La comida tiene un poder enorme como refuerzo. Por eso en todas las culturas se ha utilizado como premio y castigo en el sistema de socialización. Las celebraciones sociales, incluso los ritos religiosos, están asociados a la comida y la bebida. Desde bebes la comida marca nuestra relación con los otros, primero con la madre y por extensión con el mundo. Los trastornos de alimentación pueden ser una expresión de otro tipo de conflictos emocionales no abordados, en los que la comida sustituye determinadas necesidades y carencias emocionales.
Por eso tu relación con la comida está hablando en realidad de la relación que tienes contigo y con el mundo. La ansiedad puede hacer que comas más aunque también es posible que te cierre el apetito. La tristeza, la rabia o el miedo pueden buscar consuelo entre dulces y chocolates. Los excesos en contra de lo que se pueda pensar, son más una forma de autocastigo que un premio. El desamor, la culpa, la vergüenza o la envidia son emociones que pueden buscar una salida a través de los conflictos con la alimentación. “Cuando la boca no pronuncia lo que siente, traga para calmar la tensión emocional” asegura Menéndez.
Esa es la razón por la que muchas dietas no solo no funcionan sino que confunden y con el tiempo tienen el efecto contrario al deseado. No se trata de perder unos kilos cambiando la alimentación, el ejercicio consiste en revisar las creencias y las emociones y tratar de entender como influyen en nuestro metabolismo.
Todos conocemos personas que comen mucho y engordan poco. Y otros que por el contrario apenas prueban la comida pero tienen un serio problema de sobrepeso. Tal vez haya que buscar las causas más en los sentimientos que en las calorías. No sirve de mucho, al menos no durante mucho tiempo, tratar de resolver los problemas de fuera a dentro. Tal vez por eso, solo cuando empezamos a queremos de verdad podemos adoptar una dieta saludable.
Lo qué comes, cómo lo comes, qué piensas cuando lo estás comiendo, qué emociones te han abierto tu apetito o cómo te sientes después, son una forma de autoconocimiento y por lo tanto una expresión de tu autoestima. Puedes utilizar la comida para sentir placer, cuidarte e incluso curarte, pero también la puedes utilizar para castigarte, sufrir e incluso enfermar. Una autoestima sana es tu mejor aliada.

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